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                                                                           La Aventura de tu Olor

 

Al llegar al muelle el bote lanzo su mano, se aferro al mangle que lucía fuerte y capaz de vigilar por la eternidad la embarcación, al lado unos pies desnudos saludaban al grupo que me acompañaba, la emoción era compartida, pues todos sonreíamos y saludamos a cada cual, como si la espera hubiera sido larga y el vínculo estrecho, comenzamos a bajar los bolsos, yo no conocía a nadie en aquel lugar, solo el interés por conocer como era la vida de los indígenas. Impresionada del espectacular lugar, una gran choza construida con hojas de palma, madera de la selva, bejucos generosos como una reseña de la evolución del hombre, la madera, el hierro y el sudor de sus antepasados. La estructura estaba muy bien adornada con tucanes, loros, Genaro y Jacinto, con sus sonrisas alertando la bienvenida del foráneo, curioso y ansioso de lo que nunca han visto sus ojos.

Pero algo me apartaba la atención del grupo y los saludos, era un hombre flaco de estatura pequeña y cara de flojera, pero con un cierto sentido intelectual, no parecía nativo del pueblo, ni de la región, ni de ningún otro lugar cerca, y con un aire de despreocupación y desinterés, como quien solo necesita sentir el suelo que pisa, descubría sus pies y quien lo notara iniciaría una etnia, se uniría a él y en su choza te acostarías pensando, que nada puede perturbar los que mis ojos ven y mis manos tocan. Mis pensamientos olvidaban , no recordaría nada mis sentidos atentos dentro de mi, sin pretender, ni pasado, ni el futuro, mis energías estaban dispuestas a algo que ocurría es ese instante. Vi todo el panorama, la naturaleza viva, llena de colores y olores donde todo se mueve y aprovechaba para gastar ansiosa un rollo de fotos, con los rostros de mis protagonistas.


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Página creada: 10/02/2000

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