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                                                                                         Sueños de Verdad

Todavía recuerdo como si fuera hoy, cuando en una de mis mejores noches, soñé, que me encontraba en compañía de un sabio maestro. Era un viejo escueto, misterioso, cubierto con trapos, mientras él caminaba como si le pesaran los años, me dejaba ver figuras, cuadros, objetos, que reflejaban la cultura de muchos pueblos. Estaban en una cueva a lo largo de una quebrada, sujetas a una pared natural y cada pieza contenía en su forma, color y olor, el origen y el fin de un trabajo. Y yo disfrutaba, lo trascendente e incoherente de cada obra y la agonía de sus creadores. Al despertar sentí que algo en mi había cambiado esa noche, y desde ese momento me detuve a recordar sueños, hasta los que tuve en mi infancia.

Aun repaso el sueño más extraño que tuve cuando era niña estando en la casa de mis padres, era un sitio campestre no muy lejos de la ciudad, rodeado de arboles verdes y pájaros cantando. En las tardes después de las tareas de la escuela, mi hermana y yo nos disponíamos a descansar de las tareas diarias, llegaba el momento de la diversión. Un mango, tan alto que casi tocaba el cielo con ramas fuertes, al atardecer, generoso dejaba caer sus hojas amarillas y marrones, para dar paso a las nuevas que lo tupían protegiéndolo del último sol del día. Yo corría tratando de atrapar las hojas muertas, ellas juguetonas aliadas con el viento, tomaban varias direcciones haciendo más divertido el juego, corriendo de un lado para el otro, compartiendo con mi hermana, me pasaba horas mirando hacia arriba esperando más hojas. El mejor momento era justo antes de llover o al atardecer, cuando el viento soplaba con más fuerza. Creo que me embebía en paciencia con mis ojos clavados en el cielo.

El primer día de vacaciones, mi hermana y yo nos despertamos temprano. Siguiendo las ordenes de mamá comenzamos a barrer el patio de la casa para recoger el estero de hojas que había dejado el mango en la noche anterior, sin perder oportunidad, mientras hacíamos nuestras labores, alternábamos jugando un poco, atrapando hojas y de repente quede internada en cielo casi despejado, viendo el todo y la nada, desconectada y atraída por nubes rojas, azules, violetas, se fueron formando imágenes totalmente visibles en el cielo, por un momento pense, en que, a veces se sueña despierto, el minúsculo juego entre la realidad y la imaginación, pero mis ojos hartos de luz e impresionados se detuvieron alertas, y vi una gran nube en forma de Cristo de color violeta azulada, que casi cubría mí mundo plano con sus manos abiertas. Describir lo que sentí en ese instante, es decir que simplemente no tengo palabras, sin embargo, ese sueño o acontecimiento para darle mayor crédito, quedo tallado en mis recuerdos y hasta hoy sigo sin explicación alguna al respecto.

A veces pienso que me hubiera gustado tanto contar mis sueños a alguien, pero, el temor a lo que yo misma no podía determinar, acerca de la veracidad de mis historias, lo real y lo imaginario, entonces se fundo en mi una especie de hermetismo que se convirtió en mi cautiverio, un secreto interno del que reconozco el pánico que sentí muchas veces, de perder el control absoluto de mi realidad. Cada día me sumergía en mi silencio, entonces, traté de escapar de mi secreto y comencé a hacer actividades que de alguna manera me hicieran tranquilizar y a la ves expresar lo que yo llamo sueños, sueños que me visitaban como fantasmas en pena, que necesitan cumplir una misión en la tierra antes de desaparecer totalmente en algún recodo del infierno.

Un día se me ocurrió iniciar un plan para recuperar mi condición, entonces fue cuando ocupé todo mi tiempo, incluso las horas que bebían ser dedicadas para dormir y comer. Asistí a las reuniones del grupo de teatro universitario, a las sesiones de meditación y relajación, me reuní con personas con creencias religiosas muy marcadas, o con un desprendimiento excesivo de lo supuestamente normal. Mi evolución se manifestaba cada día más favorable, expresaba mi energía y quería fluir, descubrir, crear piezas con la unión de la madera, los metales, como la plata, el cobre, bronce, el brillo de las piedras, semipreciosas, un cuarzo transparente lleno de blanco, la turquesa azul, amatista, ágata, azabache y el deleite de pasar horas y horas fabricando una pieza, una me recordaba a mi amiga con una presencia obscena, otra a la dulce de ojos amplios, la otra desconocida pero despertaba cierta inspiración, y pense detenidamente en la palabra "inspiración". Al día siguiente cuando intenté seguir con mi trabajo, un deseo incontrolable me llevo a abrir un baúl y guardar todos mis instrumentos de trabajo, las piedras semipreciosas, los metales. Esto me causó tanta angustia que seco mi boca.

Pero no podía desprenderme de la continuación, de lo que aun no había terminado, así que el reto más duro era evitar comportarme como lo hice cuando tuve la visión del Cristo. Cuando desesperada traté de decirle a mi hermana, que viera las nubes, las formas que se dejaban ver, el Cristo imponente, pero ella sorda por mi alboroto y mis incesantes señales, tratando de dirigir su atención hacia el cielo, pero ella tardo algunos minutos o quizás segundos en entenderme, así que no tuvo otra opción que sólo ver un extenso cielo azul, violeta, anaranjado, lleno bolas de algodón. Cómo quisiera olvidar su expresión incrédula, como si estuviera hablando con una loca. diciendo: -Cuénta, ¿Qué te pasa?, ¿Por qué estás tan abismada?. Durante un momento de mí no salió ni un sólo gesto, y mucho menos una palabra, hasta que casi me obligó a contestarle, y le dije. -No fue nada, creo que estaba soñando desierta. Entonces un escalofrío intenso recorrió cada parte de mi cuerpo y quise despertar, pero estaba dormida.

Eran las cinco de la tarde del primer sábado de Septiembre, sentí mucho calor y sed, torpemente consternada trate de agarrar aliento y tragar mi absoluta confusión del tiempo y el espacio en que me encontraba. Mi cuarto estaba todo desordenado y no sabia que día, ni que hora era, minutos necesite para comprender, que durante aproximadamente 26 horas continuas estuve dormida. Me había acostado el viernes después de llegar del bar de la esquina, más próximo a la casa, donde compartí y celebré con algunos de mis amigos que la editorial había aceptado publicar mi primer libro.


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Página creada: 10/02/2000

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